1. Más jóvenes norteamericanos en contra del aborto.
La juventud norteamericana está haciéndose cada vez más pro-vida y tomando posiciones más duras contra el aborto. El grupo que con mayor rapidez muestra un deseo de acabar con la plaga del aborto es la juventud, particularmente los veinteañeros. Esta es la conclusión de la última encuesta nacional publicada por Gallup PoII hace unos días (el 12 de marzo de 2010).Según el estudio, destacan los nueve puntos de aumento (del 14% al 23%) de jóvenes entre 18 y 29 años que apoyan directamente la ilegalización absoluta del aborto "en todas las circunstancias". Piénsese que lo de "en todas las circunstancias" significa sin excepción alguna: o sea, aborto no en su totalidad. Este cambio al terminar la primera década del siglo XXI contrasta con los años setenta del siglo XX cuando había muchos menos jóvenes norteamericanos que opinaban así.
La media de porcentaje de personas (por grupos por edad) que considerar el aborto como legal en todas las circunstancias no llega al 24%.
Desafortunadamente, Gallup no preguntó particularmente sobre la financiación de los abortos con dinero público, pero parece claro que esos 23% de jóvenes norteamericanos que quieren prohibir completamente el aborto en todas las circunstancias también están en contra de dicha financiación pública.
Esta nueva encuesta, apenas aireada por los medios, llega después de que ya el pasado enero de 2010, en vísperas del 37 aniversario de la sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos, en el caso Roe versus Wade, que legalizó el aborto en todo el país, una encuesta mostrase que una gran mayoría de los estadounidenses creían ya que el aborto es "moralmente incorrecto".
La llamada generación del milenio (entre 18 y 29 años) consideran el aborto "moralmente incorrecto" incluso más (58%) que la generación del boom (los que tienen entre 45 y 64) con el 51%. El resultado de la generación X (entre 30 y 44 años) es similar al de la generación del milenio (el 60% ve el aborto como "moralmente incorrecto"). Más de 6 de cada 10 de la generación de los mayores (mayores de 65 años) piensan lo mismo. Aquella encuesta, llevada a cabo a finales de diciembre y principios de enero, fue encargada por los Caballeros de Colón y llevada a cabo por el Instituto Marista para la Opinión Pública.
En octubre de 2008 y julio de 2009, la encuesta hizo el seguimiento de una tendencia creciente hacia la posición pro-vida, una tendencia confirmada por Gallup y el estudio del Centro Pew de mediados de 2009 y ahora otra vez en marzo de 2010.
Dichas encuestas probaban que una sustancial mayoría de los norteamericanos no apoyaba el aborto. La aquí referida última encuesta de Gallup muestra la creciente oposición al aborto entre la juventud y señala que se está produciendo una concienciación entre la sociedad estadounidense sobre ciertos asuntos claves (Semanario Atlántico, 16-III,2010).
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2. El transhumanismo. Una de las ideas más peligrosas.
La ciencia puede llegar a dar miedo. Tiene potencial suficiente como para transformar la vida por sí sola y por eso ha llegado a predecir cosas como que en el futuro reescribiremos nuestro propio código genético o que nuestras mentes serán una combinación natural y mecánica. Las verdaderas posibilidades de la ciencia para cambiar la naturaleza humana empiezan a mostrarse lentamente pero con paso firme. Cada vez se desarrollan más medicamentos para tratar enfermedades, pero también están sirviendo para incrementar el potencial cognoscitivo de las personas que gozan de buena salud y para elevar la esperanza de vida humana, casi hasta los 115 años o más.
Los transhumanistas, una libertina coalición de científicos, tecnólogos y pensadores, cuyo objetivo es buscar la manera de perfeccionar la condición del hombre, ven estos cambios como algo deseable. La naturaleza humana, según explica Nick Bostrom, filósofo de la Universidad de Oxford y abogado de los transhumanistas, es "un trabajo en progreso, algo que está a medias y que nos puede servir para aprender a remodelar las cosas a nuestra manera. Al final conseguiremos convertirnos en posthumanos, seres con capacidades mucho mayores que las de los seres humanos de nuestros días". Otras personas argumentan que los hombres nunca tendremos sabiduría suficiente como para convertirnos en algo más de lo que somos. Francis Fukuyama, de la Universidad Johns Hopkins, define el transhumanismo como "una de las ideas más peligrosas del mundo".
Para el transhumanismo no hay objetivo más importante que la victoria sobre la muerte. Algunos de los más controvertidos defensores de las mejoras tecnológicas de los humanos, incluido Ray Kurzweil, inventor y escritor americano, y Aubrey de Grey, gerontólogo y presidente de la Fundación Matusalén, argumentan con optimismo que la inmortalidad podría llegar a ser factible para quienes hoy estamos vivos.
Los transhumanistas cuestionan la ciencia convencional que fija un límite natural a nuestra vida. La historia demuestra que cada límite anunciado por los expertos se supera rápidamente. En 1928, el demógrafo americano Louis Dublin calculó que el límite máximo para la esperanza de vida sería de una media de 64,8 años, una osadía para los años que corrían, en los que la esperanza de vida americana apenas llegaba a los 57 años. Sin embargo, su atrevimiento parece ahora muy tímido, ya que la esperanza de vida de las mujeres en Okinawa, en Japón, por ejemplo, está por encima de los 85,3 años, veinte años más de los que aseguraba Dublin. También parecen poco fiables los argumentos de los científicos posteriores a Dublin que predijeron que esa esperanza de vida en ningún caso pasaría de los 78 años (en 1952), 79 años (1980) y 82,5 años (1984).
¿Puede el continuo crecimiento de la esperanza de vida cambiar de golpe y dar un gigantesco salto? Muchos transhumanistas creen que sí. Se sabe ya que reduciendo drásticamente las calorías de nuestra dieta se le puede dar un notable empuje a la esperanza de vida, entre el 30 y el 50 por ciento en algunas especies animales. Es evidente que este enfoque puede trasladarse ahora a los humanos, pero también que los medicamentos pueden proporcionar los mismos beneficios que la restricción calórica sin tener que pasar por una dieta.
Los transhumanistas han debatido sobre el lugar al que nos conducen este tipo de fármacos: no sólo pueden conseguir aliviar los trastornos provocados por el estrés, sino que también pueden erradicar los sentimientos de culpabilidad, disminuir los recuerdos de maldad o aliviar el dolor de un desengaño amoroso. Lo peor son los problemas derivados de jugar con la naturaleza humana. Podremos llegar a ser más eficientes, pero no percibiríamos los sentimientos de los demás a nuestro alrededor.
Todo esto deja sin resolver el fantástico debate del transhumanismo: si podemos decir que seguimos siendo la misma persona después de decidir mejoramos a nosotros mismos, y si este extremo nos importa en realidad.
Pero una cosa es cierta: se puede desarrollar cualquier fármaco para tratar una enfermedad, y si además proporciona a alguien una ventaja competitiva o puede prolongar su vida, la gente lo tomará (Alun Anderson. The Economist, 16-II-2006. Traducido por DM, 15-I-2010).
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3. Reflexiones en torno al suicidio asistido.
No creo que el suicidio asistido tenga cabida en el Reino Unido. Mi argumento no se basa en creencias religiosas, sino en una firme convicción en el fundamento ético de la medicina, que es mi vocación. Hipócrates en su juramento dijo: "A nadie, aunque me lo pidiera, daré un veneno" y "aplicaré mis tratamientos para beneficio de los enfermos, y me abstendré de hacerles daño". Creo que esas palabras son tan ciertas hoy como en aquellos tiempos. Si los médicos asumen la función adicional de acabar con la vida al mismo tiempo que se trata al paciente y se protege su vida, se socavaría nuestra credibilidad, la confianza entre el paciente y el médico, y afectaría negativamente a esa relación mutua.
Entiendo los argumentos a favor del suicidio asistido, y empatizo con los pacientes y cuidadores que se encuentran en tales situaciones desesperadas y que quieren poner fin a sus vidas. Comprendo a quienes afirman que la autonomía del paciente es tan importante y que una persona competente debería tener derecho a elegir la muerte. También entiendo los argumentos sobre la necesidad de compadecer al paciente, a su familia y a sus cuidadores. Pero, después de haber escuchado esos argumentos, creo que todos los pacientes merecen tener acceso a cuidados paliativos de alta calidad y que, si existen, no habría razones para el suicidio asistido.
Cada vez más gente vive más tiempo con enfermedades graves, y algunos tienen largas y a veces horribles agonías. Sin embargo, los actuales servicios de cuidados socio-sanitarios están mal preparados y desprevenidos para satisfacer plenamente las necesidades de la mayoría de las personas que se hallan al final de su vida. Tenemos que asegurarnos de que todos los pacientes reciban la mejor atención a la medida de sus circunstancias personales.
Mientras que los médicos de atención primaria ocupan un papel central, la atención debe ser completada por especialistas y servicios sociales. Los pacientes deben poder esperar una atención de gran calidad para ayudar a aliviar sus síntomas. El acceso a cuidados paliativos de especialistas, los tratamientos psicológicos y el apoyo social son fundamentales. A pesar de muchas áreas de buenas prácticas, los pacientes todavía se enfrentan a una lotería de inconstantes y a veces subóptimos cuidados. Pero el suicidio asistido no es la respuesta a los males de nuestro sistema de salud.
Los médicos son, por supuesto, falibles. Un médico puede hacer un diagnóstico incorrecto o dar un pronóstico impreciso y ello podría conducir a una innecesaria petición de suicidio asistido. O un suicidio asistido podría ocurrir de forma innecesaria, justo antes de una nueva terapia que podría dar una vida más larga y significativa al paciente. Me preocupa que con el suicidio asistido el paciente pueda sentir que es una carga para sus cuidadores y solicitar que su vida se termine sin explorar todas las opciones de tratamiento. O que los cuidadores puedan empujar al paciente hacia el suicidio, a fin de reducir la carga que pesa sobre ellos -social, psicológica o económica-, y resultando en la coerción, sobre todo si son social o económicamente desfavorecidos.
¿Es posible que los sistemas de salud estén tan cortos de dinero que tomen la opción más barata de apoyar el suicidio asistido en lugar de invertir en tratamientos más caros y en cuidados paliativos? Podría ocurrir en el Reino Unido. Mi preocupación es que el Servicio Nacional de Salud vea incentivos para negar el tratamiento a personas que considere demasiado costosas. Hay que recordar que esto ya ocurre en cierta medida con las decisiones económicas que el Instituto Nacional para la Excelencia Clínica toma sobre las terapias que pueden prolongar la vida unas pocas semanas o meses. (Steve Field, presidente del Colegio Real de Médicos Generales de Gran Bretaña. TheGuardian.guardina.co.uk.22-IV-2009. Traducido por DM, 22-VI-2009).
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4. Discurso del Santo Padre Benedicto XVI a los participantes en la Asamblea General de la Academia Pontificia para la Vida.
Sábado 13 de febrero de 2010
Queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
ilustres miembros de la Pontificia Academia Pro Vita,
estimadas señoras y señores:
Me alegra acogeros y saludaros cordialmente con ocasión de la asamblea general de la Academia Pontificia para la Vida, llamada a reflexionar sobre temas concernientes a la relación entre bioética y ley moral y natural, que se presentan cada vez con mayor relevancia en el contexto actual dados los constantes desarrollos en ese ámbito científico. Dirijo un especial saludo a monseñor Rino Fisichella, presidente de esta Academia, agradeciéndole las amables palabras que ha querido dirigirme en nombre de los presentes. Deseo igualmente extender mi gratitud personal a cada uno de vosotros por vuestro precioso e insustituible compromiso a favor de la vida, en los diversos contextos de procedencia.
La problemática relativa al tema de la bioética permite verificar hasta qué punto las cuestiones que abarca sitúan en primer plano la cuestión antropológica. Como afirmo en mi última carta encíclica Caritas in Veritatate: "En la actualidad, la bioética es un campo prioritario y crucial en la lucha cultural entre el absolutismo de la técnica y la responsabilidad moral, y en el que está en juego la posibilidad de un desarrollo humano e integral. Éste es un ámbito muy delicado y decisivo, donde se plantea con toda su fuerza dramática la cuestión fundamental: si el hombre es un producto de sí mismo o si depende de Dios. Los descubrimientos científicos en este campo y las posibilidades de una intervención técnica han crecido tanto que parecen imponer la elección entre estos dos tipos de razón: una razón abierta a la trascendencia o una razón encerrada en la inmanencia" (n. 74). Ante semejantes cuestiones, que afectan de manera tan decisiva a la vida humana en su perenne tensión entre inmanencia y trascendencia, y que tienen gran relevancia para la cultura de las futuras generaciones, es necesario hacer realidad un proyecto pedagógico integral que permita afrontar estas temáticas en una visión positiva, equilibrada y constructiva, sobre todo en la relación entre la fe y la razón.
Las cuestiones de bioética frecuentemente sitúan en primer plano la referencia a la dignidad de la persona, un principio fundamental que la fe en Jesucristo crucificado y resucitado ha defendido desde siempre, sobre todo cuando no se respeta en relación a los sujetos más sencillos e indefensos: Dios ama a cada ser humano de manera única y profunda. También la bioética, como toda disciplina, necesita de una referencia capaz de garantizar una lectura coherente de las cuestiones éticas que, inevitablemente, surgen frente a posibles conflictos interpretativos. En tal espacio se abre la remisión normativa a la ley moral natural. El reconocimiento de la dignidad humana, en efecto, como derecho inalienable halla su fundamento primero en esa ley no escrita por mano de hombre, sino inscrita por Dios Creador en el corazón del hombre, que cada ordenamiento jurídico está llamado a reconocer como inviolable y cada persona debe respetar y promover (cf. Catecismo de la Iglesia católica, nn. 1954-1960). Sin el principio fundador de la dignidad humana sería arduo hallar una fuente para los derechos de la persona e imposible alcanzar un juicio ético respecto a las conquistas de la ciencia que intervienen directamente en la vida humana. Es necesario, por lo tanto, repetir con firmeza que no existe una comprensión de la dignidad humana ligada sólo a elementos extremos como el progreso de la ciencia, la gradualidad en la formación de la vida humana o el pietismo fácil ante situaciones límite. Cuando se invoca el respeto por la dignidad de la persona es fundamental que sea pleno, total y sin sujeciones, excepto las de reconocer que se está siempre ante una vida humana. Cierto: la vida humana conoce un desarrollo propio y el horizonte de investigación de la ciencia y de la bioética está abierto, pero es necesario subrayar que cuando se trata de ámbitos relativos al ser humano, los científicos jamás pueden pensar que tienen entre manos sólo materia inanimada y manipulable. De hecho, desde el primer instante, la vida del hombre se caracteriza por ser vida humana y por esto siempre portadora de dignidad, en todo lugar y a pesar de todo (cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, instrucción Dignitas Personae sobre algunas cuestiones de bioética, n. 5). De otra forma, estaríamos siempre en presencia del peligro de un uso instrumental de la ciencia, con la inevitable consecuencia de caer fácilmente en el arbitrio, en la discriminación y en el interés económico del más fuerte.
Conjugar bioética y ley moral natural permite verificar de la mejor manera la referencia necesaria e insuprimible a la dignidad que la vida humana posee intrínsecamente desde su primer instante hasta su fin natural. En cambio, en el contexto actual, aun emergiendo cada vez con mayor insistencia la justa llamada a los derechos que garantizan la dignidad de la persona, se percibe que no siempre se reconocen esos derechos a la vida humana en su desarrollo natural y en los momentos de mayor debilidad.
Una contradicción así evidencia el compromiso que hay que asumir en los diversos ámbitos de la sociedad y de la cultura para que la vida humana sea reconocida siempre como sujeto inalienable de derecho y nunca como objeto sometido al arbitrio del más fuerte. La historia ha demostrado cuan peligroso y deletéreo puede ser un Estado que proceda a legislar sobre cuestiones que afectan a la persona y a la sociedad pretendiendo ser él mismo fuente y principio de la ética. Sin principios universales que permitan verificar un denominador común para toda la humanidad, no hay que subestimar en absoluto el riesgo de una deriva relativista a nivel legislativo (cf. Catecismo de la Iglesia católica, n. 1959). La ley moral natural, fuerte en su propio carácter universal, permite evitar tal peligro y sobre todo ofrece al legislador la garantía de un auténtico respeto tanto de la persona como de todo el orden creado. Aquella se sitúa como fuente catalizadora de consenso entre personas de culturas y religiones distintas y permite avanzar más allá de las diferencias, porque afirma la existencia de un orden impreso en la naturaleza por el Creador y reconocido como instancia de verdadero juicio ético racional para perseguir el bien y evitar el mal. La ley moral natural "pertenece al gran patrimonio de la sabiduría humana, que la Revelación, con su luz, ha contribuido a purificar y a desarrollar ulteriormente" (cf. Juan Pablo II, Discurso a la plenaria de la Congregación para la doctrina de la fe, 6 de febrero de 2004).
Ilustres miembros de la Academia Pontificia para la Vida, en el contexto actual vuestro compromiso se presenta cada vez más delicado y difícil, pero la creciente sensibilidad ante la vida humana anima a proseguir con impulso cada vez mayor y con valentía en este importante servicio a la vida y a la educación en los valores evangélicos de las futuras generaciones. Os deseo a todos que continuéis en el estudio y la investigación, a fin de que la obra de promoción y de defensa de la vida sea cada vez más eficaz y fecunda. Os acompaño con la bendición apostólica, que de buen grado extiendo a cuantos comparten con vosotros este compromiso cotidiano.
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Informe.
Progresos en la medicina regenerativa y reparadora.
No cabe ninguna duda que la medicina regenerativa y reparadora va a ser una de las armas terapéuticas más interesantes en los próximos años. Consecuentemente parece de interés referirnos brevemente a su situación en este momento. Para ello, vamos a comentar un artículo recientemente publicado (PNAS 107; 3285-3286, 2010) que aborda este tema.
En primer lugar dicho artículo hace referencia que este tipo de terapia empezó a utilizarse hace solamente 25 años. El primer objetivo de esta nueva terapia fué la creación “ex vivo” de tejidos para sustituir a otros que se hubieran alterado por cualquier razón. Lo primero que se hizo fué desarrollar piel artificial, lo que empezó a comercializarse en los años 90. Pero esta actividad comercial encontró para su puesta en práctica objetivas dificultades, especialmente en lo que hacía referencia a su regulación legal.
Pero su desarrollo, a pesar de estos momentos difíciles, ha sido imparable, especialmente en la reconstrucción de tejidos. Sin embargo, la reconstrucción de órganos parece hoy día un objetivo más lejano.
Un aspecto sometido a amplia controversia es la fuente que se utiliza para reconstruir los tejidos. Se han usado células madre embrionarias, células madre adultas y células madre progenitoras (aquellas que sólo pueden dar lugar a un único tipo de células). Finalmente a partir de 2007, se han utilizado las células pluripotenciales, obtenidas por la reprogramación de células somáticas adultas, las denominadas células iPS (ver Provida Press nº 286). Estas últimas células se obtienen, como se ha comentado, a partir de células somáticas adultas diferenciadas, especialmente de fibroblastos de piel. Estos, los fibroblastos, son reprogramado por la transfección a ellos de determinados genes reprogramadores, pero ahora parece que es posible reprogramar células somáticas a células iPS sin tener que utilizar la transferencia de genes reprogramadores. Además, más recientemente se ha podido conseguir reprogramar células, pero no a un estadio pluripotencial, sino directamente a células progenitoras a partir de las cuales se puede diferenciar una línea específica de células, células de un tejido determinado.
Sin embargo, los problemas inmunológicos que puedan favorecer el rechace, la posibilidad de que se desarrollen tumores o proliferen las células transferidas incontrolada e incluso los problemas que el uso de células madre embrionarias conlleva, ha hecho pensar que aún debe transcurrir tiempo para que las células reprogramadas puedan utilizarse en la clínica médica.
Consecuentemente, ¿cual puede ser el futuro de la medicina regeneradora y cual puede ser su verdadero potencial? Parece que podrá ser efectiva para tratar enfermedades degenerativas, lesiones traumáticas y enfermedades para la que actualmente existen escasos recursos terapéuticos, tales como el cáncer de esófago o el enfisema. Pero las posibilidades terapéuticas más reales pueden ser la generación de células de la sangre a partir de células madre, la creación de células secretoras de insulina, el poder reconstruir con tejido funcional corazones lesionados por haber sufrido un infarto de miocardio o la regeneración de la médula espinal lesionada traumáticamente.
Los caminos para la reconstrucción y regeneración de tejidos se puede abordar de muy distintas formas y es evidente que un único camino no podrá resolver todos los problemas actualmente existentes. Más aún, parece que cada tejido y cada condición patológica requerirá probablemente un medio específico para tratarlos adecuadamente.
También se puede abordar la terapia celular no utilizando células exógenas, sino favoreciendo el desarrollo de las células madre del propio tejido lesionado. Esto se puede conseguir favoreciendo la concentración local de oxígeno, modificado la concentración de citoquinas, el pH, incrementando la concentración de diversos iones o suministrando los adecuados nutrientes.
Desde un punto de vista práctico, el traslado de los hallazgos básicos que se vayan produciendo, a la clínica médica, es decir favoreciéndo la investigación transnacional, parece muy conveniente. También regular legalmente su uso, implicar a la industria y levantar fondos gubernamentales parece también muy necesario.
Finalmente, debido al potencial de la medicina regenerativa para desarrollar innovadoras terapias, la sociedad debe estar atenta para que no se sobredimensionen las expectativas de estas terapias en detrimento de los pacientes, pues la combinación de pacientes desesperados, tratamientos muy innovadores, investigadores excesivamente entusiastas, clínicos deseosos de poder llevar a sus pacientes los nuevos avances e intereses comerciales de los nuevos fármacos, podrían crear esperanzas no reales para este tipo de terapias.
Finalmente los autores hacen referencia a que en el mismo número de PNAS se publican otros cinco artículos sobre esta materia, lo que puede completar lo que los lectores necesitan para actualizar sus conocimientos en esta área médica.
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Breverías.
1. El descenso del número de donantes en algunos países ha hecho que se pongan en marcha curiosas iniciativas para solventar el problema. Se han creado comunidades en internet en las que parejas de donantes compatibles firman un acuerdo en el que se comprometen a la donación voluntaria de un órgano en el caso de que la otra parte sufra una enfermedad. Otras páginas web ponen en contacto a receptores con personas dispuestas a donar órganos a desconocidos de manera altruista. Pero una de las fórmulas que se barajan y que más polémica está generando es la que incluiría un intercambio económico entre el donante y el receptor o, en su defecto, una entidad reguladora.
Un estudio de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos) ha demostrado que el número de donantes de riñón se duplicaría si hubiera de por medio una compensación económica. Una fórmula de este tipo sería la excusa perfecta para regular un cada vez más boyante mercado ilegal de órganos, consolidando a las poblaciones más pobres y necesitadas como principales proveedoras de órganos del primer mundo (Elena Escala. DM, 7-IV-2010).
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2. El pasado 19 de marzo la “católica” Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, invocó a San José para que fuera aprobado el proyecto abortista de la nueva ley sanitaria propuesta por Obama (Noticias Globales, 7-IV-2010).
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3. Alrededor de 12 millones de mujeres en Estados Unidos y más de 3 millones en el Reino Unido utilizan la píldora anticonceptiva. En España el 18 % de la población femenina la usa y el 35 % el preservativo, según la Sociedad Española de Contracepción.
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4. Algunos métodos para la detección de la consciencia sugieren que alrededor del 40 por ciento de las personas diagnosticadas en estado vegetativo son de hecho "mínimamente conscientes".
En estado vegetativo los reflejos están intactos y el paciente puede respirar sin ayuda, pero no hay consciencia. Un estado mínimamente consciente es una especie de zona gris, poco reconocida, en la que algunas personas pueden sentir dolor físico, experimentar cierta emoción y comunicarse de algún modo. Pero, dado que la consciencia es intermitente e incompleta en el estado mínimanente consciente, puede ser muy difícil a veces conocer la diferencia entre los dos (DM, 27-VIII-2009).
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5. Ana de Casañate, viuda noble, dio a luz a escondidas, en el año 1600, a un bebé ilegítimo y encargó a su criada que lo arrojase a una acequia. Un alcalde descubrió a la mujer con el bebé y se lo impidió; más aún, cuidó al niño en su casa durante 9 años. Aquel bebé «no deseado», que pasó la infancia cuidando ovejas, hasta que lo reconoció su padre, llegó a ser un político de confianza de Felipe IV, virrey de México, obispo de Puebla, mecenas de las artes, defensor de los indios y, como afirma Benedicto XVI en su decreto de beatificación, beato de la Iglesia católica.
Obispo de Osma. Juan de Palafox murió en 1659 como obispo de Osma (Soria), y en 1666 se descubrió su cuerpo incorrupto. En 1769, un párroco de 66 años, tuberculoso y moribundo, rezó con una firma de Palafox entre sus manos. Cuatro horas después despertó completamente sano. Su médico de Fuentemolinos (Soria), otro de la cercana aldea de Roa y un tercero describieron al Tribunal todos los síntomas de un enfermo terminal de tuberculosis. La detallada documentación de esta curación inexplicable respalda el milagro que permite beatificar a Palafox, modelo de político honrado y buen obispo que en México se recuerda con orgullo (Pablo J Ginés. La Razón, 30-III-2010).
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6. La Comunidad Valenciana es la región (junto con Cataluña) que tiene más hospitales públicos donde se practican abortos y ello a pesar de ser la autonomía con políticas provida y antiabortivas más intensas.
Según destaca el último informe (2008) sobre el número de interrupciones voluntarias del embarazo del Ministerio de Sanidad, 10 hospitales públicos de la Comunidad notificaron la realización de abortos. La cifra es notablemente elevada ya que ninguna otra región supera en este aspecto a la Comunidad, la única que la iguala es Cataluña.
A esta cifra hay que sumar otros 15 centros privados que practican abortos, de forma que en la Comunidad hay un total de 25 centros médicos que realizaron interrupciones voluntarias del embarazo en 2008.
En el cómputo total sólo Cataluña supera a la Comunidad Valenciana, pero con una mayor población (El Mundo, 6-XI-2009).
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7. El 37% de los abortos en Estados Unidos se dan en las mujeres negras, aunque solamente el 13 % de la población lo son (BMJ 340; 356, 2010).
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8. A mediados del pasado mes de enero el gobierno italiano aprobó una ley para promover la creación de unidades de cuidados paliativos. La nueva ley crea dos redes -una para promover el tratamiento del dolor y otra para los cuidados paliativos- con la finalidad de asegurar a los pacientes de todo el país, incluso los niños, que todos tendrán el mismo nivel de asistencia (BMJ/2010; 340:c 1481).
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9. El 98 % de los hospitales dependientes del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, tienen un programa de cuidados paliativos. Sin embargo pocos hospitales tienen camas específicas para ese fín (JAMA 303; 1054-1061, 2010).
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10. En 2007, entre 11 millones y 21 millones de personas en todo el mundo utilizaban drogas inyectadas por vía endovenosa. El uso de drogas inyectables es una importante causa de transmisión del VIH. Se piensa que en el mundo habría en 2007, entre 800.000 y 6.600.000 personas infectadas por el VIH como consecuencia del uso de drogas inyectables, de un total de 33 millones (rango 30-36 millones) infectados por el VIH por todas las causas (The Lancet 375; 1014-1028, 2010).
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11. Son mayoría los españoles que se oponen al aborto libre. En concreto, el 54,2 por ciento se manifiesta rotundamente contrario a liberalizar el aborto, sin necesidad de justificarlo, lo que constituye la base de la “Ley Aido”. Sólo el 37,2 por ciento se manifiesta a favor (La Razón, 29-III-2010).
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